miércoles, 26 de julio de 2017

LA IMAGEN DE SANTIAGO PEREGRINO EN LA FACHADA PRINCIPAL DE LA IGLESIA DE SANTA MARÍA





                    LA IMAGEN DE SANTIAGO PEREGRINO
                                   EN LA FACHADA PRINCIPAL DE SANTA MARÍA DE DEBA





 El pasado 24 de julio  tuvo lugar la bendición de la imagen de Santiago, obra del escultor Mikel Campo,  que junto a la de Ntra. Señora de Itziar ocupará un lugar prominente  en la fachada principal de la iglesia de Santa María.

Al acto, celebrado a las ocho de la tarde, acudió numeroso público siendo apadrinada y amadrinada la bendición de la imagen por dos peregrinos jacobeos, concretamente el norteamericano Donald M. Shaw y la joven granadina Soledad Ruiz Hernández.

Además de Patxi Aizpitarte, párroco de Deba, intervinieron en el acto el propio autor de la obra, Mikel Campo, y el presidente de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Deba, Jose Mari Izaga Reiner, quienes dirigieron a los presentes unas breves palabras.


En la imagen, Patxi Aizpitarte, párroco, junto al padrino y madrina del acto,
dos peregrinos del Camino: el norteamericano Donald M. Shaw y la granadina
 Soledad Ruiz Hernández. Tras ellos el autor de la escultura, Mikel Campo.




    
Juan Luis Kalzakorta fue el encargado
de subir hasta la imagen para destaparla
entre aplausos del público.


HISTORIA DE UNA IMAGEN

La historia de la imagen comienza hace ya unos años, cuando el escultor Mikel Campo sugirió al entonces párroco de Deba, Mikel Egaña, la idea de realizar una imagen del Santo para que ocupase la hornacina vacía seguramente durante siglos, y ubicada en la fachada principal del templo. La idea del entonces director de la Arte Eskola de Deba fue vista con agrado por el entonces párroco debarra.

Transcurrieron varios años, y tras la jubilación de Mikel Egaña, la idea original fue nuevamente planteada al actual párroco, Patxi Aizpitarte quien al igual que su predecesor vio con buenos ojos el planteamiento del escultor alavés.

Así se llegó al 2.017, año en el que Mikel Campo comenzó a elaborar la imagen inaugurada el pasado día 24 de julio y que para su autor representa algo así como su despedida al pueblo de Deba ya que, tras muchos años de residencia en esta población, en fechas recientes ha pasado a hacerlo en la localidad navarra de Huarte. 

En cuanto al coste económico de la escultura, la obra ha sido vendida a la parroquia debarra al precio simbólico de un euro, euro que, entre risas y sonrisas de los presentes, fue abonado tras el acto por el párroco debarra al autor de la obra.                                               


Andoni Iriondo bailó el aurresku en honor al nuevo "Santixo".

UN SANTIAGO EN PIEDRA DE LA CANTERA DE ANTZONDO

La imagen de Santiago el Mayor o Santiago peregrino ha sido realizada en piedra de Deba, concretamente de un bloque suelto extraído hace muchos años en la cantera de Antzondo, probablemente en la década de los sesenta, cuando ésta aún era explotada.
La piedra de esa cantera debarra es de dureza media pero complicada para la labra por su irregular cristalización. El bloque de piedra es del tipo conocido como “gris Deva”, variedad “gris perla” . Cuando se comenzó a elaborar la imagen su peso era de 450 kilos y una vez terminada su peso aproximado es de 230 kilos. Las medidas finales son de 86 cm. de alto por 35 cm. de ancho y 35 cm. de fondo.


La imagen, de estilo figurativo y al que su autor ha querido darle un aspecto románico, es muy compacta e ingenua, rígida, simétrica y sin canon escultórico en la forma humana. La expresión del rostro es muy primitiva, con ojos grandes y muy abiertos, muy al estilo del arte románico.
Por la altura a la que la figura iba a ser colocada y por la perspectiva de la visión habitual, la cabeza y la parte superior del cuerpo están proporcionalmente sobredimensionados.

Según su propio autor, otra de las características de la imagen  es que cumple la románica “Ley de adaptación al marco”, donde la figura se adapta al espacio cedido para su ubicación.
En la imagen del apóstol peregrino están remarcados  los elementos que lo caracterizan:  la vieira, la calabaza ...  que junto al rostro y las manos  resaltan sobre el resto de la imagen al ser más oscuras, prácticamente negras debido al pulido. No obstante con el paso del tiempo y debido a la meteorización de la piedra, al cabo de un tiempo  se irán aclarando, adquiriendo un tono gris muy parecido al de la piedra del palacio de Aguirre o al de la propia iglesia.

Según palabras de  Mikel Campo, la talla del vestido o hábito del apóstol quiere hacer recordar o sugerir las formaciones del Flysch de la costa debarra, otro elemento identificativo además de la piedra, que según su autor, la hace “más nuestra” .
Para finalizar nos comenta el escultor que su obra viene a ser una metáfora del viajero, del viaje que todos hacemos; “una metáfora de la vida como el lento regreso al origen, a nuestro origen. Una metáfora del largo camino que supone nuestra vida,  camino lleno de conocimientos, de atajos falsos, de alegrías, de frustraciones, de compañeros de viaje, de trampas, gozos y júbilos”.  


EL PROCESO DE ELABORACIÓN

 
1.- La maqueta.

2.- La piedra.

3.- El desbaste.


4.- La piedra va tomando forma.

5.- La labra del mármol.

6.- Estudio de proporciones.

7.- La escultura avanza.

8.- La parte trasera.

9.- Detalles.

10.- El pulido.

Patxi Aizpitarte, párroco de Deba, junto al escultor Mikel Campo,
autor de la obra.

                            










viernes, 16 de junio de 2017

DOS CARAS LITERARIAS DEL VERANEO DEBARRA.


JUAN VALERA Y ALFONSO REYES


Playa de Deba a finales del siglo XIX o principios del XX.
De la amplia nómina de ilustres veraneantes de Deba hay dos por los que  siento algo especial. Ambos tuvieron en común el ser escritores importantes y además diplomáticos de relevancia; de primera línea. Pero intuyo que sus personalidades y sus simpatías hacia Deba fueron totalmente diferentes: las del primero quizás más mundanas y livianas; las del segundo más profundas, sensibles y sobre todo, humanas.  



                        JUAN VALERA Y ALCALÁ GALIANO

                                              

Juan Valera y Alcalá-Galiano (1824-1905) representa la cara culta y a la vez algo cursi del veraneante de la segunda mitad del siglo XIX, cuando solo veraneaba la gente "guapa", o mejor, la "muy guapa". Alguien diría hoy que fue un veraneante ilustre pero "pijo" hasta decir basta; yo pienso que simplemente fue hijo de su clase, de aquella "crème de la crème" de su tiempo.

Valera es un veraneante que llega a Deba obligado por su mujer, la francesa Dolores Delavat "Dolorcitas". Según palabras suyas, en Deba se aburre bastante "pero la moda, la elegancia y el buen tono requieren y exigen salir a veranear, y mi mujer se creería la más desdichada criatura del mundo y la más humillada y vejada si no veranease".

Da la sensación de que el escritor de Cabra, hijo de la marquesa de Paniega, deseaba quedarse en Madrid mientras su mujer veraneaba en Deba; de que necesitase ejercer de "Rodríguez" veraniego para dar rienda suelta a su personalidad de don Juan.

Juan Valera junto a su esposa Dolores Delavat
y sus hijos Luis y Carmen.

Porque Valera fue un hombre que vivió para la literatura, pero sobre todo para las mujeres. La lista de amantes del escritor y diplomático a lo largo y ancho del mundo es digna de un record Guiness, abundando entre sus "trofeos" las duquesas, marquesas, baronesas, artistas e incluso las de pago (en París se quejaba de las elevadas tarifas de las parisinas). Algo debía tener el hispánico macho, pues hasta Katherine Bayard, la joven amante hija del Secretario de Estado norteamericano, mucho más joven que Valera, se descerrajó un tiro en la sien cuando éste le dijo en Washington que se iba con la música a otra parte; que tomaba las de Villadiego.

En lenguaje castizo, Valera fue lo que se dice un "pichabrava", aderezado con una generosa dosis machista, pero eso sí, refinado y culto hasta los tuétanos. Él mismo confesaba: "Esta afición mía a las faldas es terrible".

Deba, donde sin duda no se comió una rosca, se le queda pequeño, algo muy comprensible, pues todavía hoy después de ciento cincuenta años, la Noble y Leal Villa sigue siendo -con perdón- una plaza harto difícil en cuestiones del sano, natural y relajante menester de la jodienda. Los tranquilos paseos a Sasiola, merienda incluida con mantel de hilo sobre la hierba, o a "el Castañar" (¿Gaztañeta?) relatados en sus cartas, no sacian al parecer sus necesidades vitales; tan sólo se pierde en elogios y muestra emoción al hablar del "castillo" (palacio de Aguirre) y de las cenas en él con su propietario y amigo Leopoldo Cueto, marqués de Valmar.

Según se desprende de las cartas escritas a su hermana Sofía en 1.871, el o los veraneos del autor de "Pepita Jiménez" en Deba fueron, digamos, de compromiso.

Sus comentarios sobre esta población son en ocasiones poco halagadores a pesar de reconocer que se trata de un precioso país. En una de ellas se queja de la casa donde se hospeda y de la "excesiva abundancia de pulgas que pululan y negrean las sábanas". No se sabe si lo de las pulgas era cierto, lo que sí está claro es que en Deba, y a cuenta de las pulgas, compuso en septiembre de 1871 un extenso poema con título en euskara, "Arcacosua" (la pulga), Poema euskero, místico y picante" según él para distraer sus melancolías y entretener la ociosidad.



Katherine Bayard, una de las numerosísimas
  amantes de Valera. La joven norteamericana, que
  podría ser hija  incluso nieta del escritor español,
    por entonces ministro plenipotenciario en Washington,
  prefirió suicidarse antes que morir del mal de amores.


                ALFONSO REYES OCHOA




El escritor, pensador y diplomático mexicano Alfonso Reyes Ochoa (1889-1959) representa la otra cara del veraneante debarra. Extremadamente culto y humano, sus escritos referentes a Deba, al contrario que los de Juan Valera, denotan un cariño y una cercanía fuera de lo común para con este pueblo y sus gentes.
Nacido en 1889 en la ciudad mexicana de Monterrey, fue hijo del general Bernardo Reyes quien ocupó importantes cargos ministeriales durante la dictadura de Porfirio Díaz. Esa circunstancia en nada le ayudó cuando en 1910 se declaró la Revolución mexicana. Tres años después su padre moría acribillado en la plaza del Zócalo durante  un fallido golpe de estado para derrocar al gobierno del presidente Francisco I Madero.

 En 1914 Alfonso Reyes se exilia a España donde se vuelca de lleno a la literatura y a la investigación literaria; tan de lleno que su fama en Europa y calmados ya los vientos de la Revolución, influyen para que el gobierno Mexicano le incorpore al servicio diplomático, ocupando importantes puestos en España, Francia, Argentina y Brasil.

Alfonso Reyes Ochoa, el hombre que inmortalizó el nombre de "Deva".

Genéticamente republicano y amigo de Manuel Azaña, Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, Pío Baroja, Menéndez Pidal, Azorín o Neruda, en 1939 funda y dirige la Casa de España en México, institución expresamente creada para acoger a los refugiados republicanos españoles.   

Para quien lo desconozca, Alfonso Reyes, un incondicional del veraneo en Deba durante diez años - el tiempo que residió en España- está considerado como uno de los grandes padres de las letras mexicanas, siendo sin duda el escritor más prolífico de aquel país y uno de los más prolíficos de toda la geografía hispana, tanto de la europea como de la americana. Y aunque nunca fue galardonado con el Nobel de literatura, en 1949 fue propuesto por Gabriela Mistral para tan importante galardón. De él diría Jorge Luis Borges, su más ferviente admirador, que fue «el mejor prosista de lengua española en cualquier época».

Sus obra “Los siete sobre Deva: sueño de una tarde de agosto” iniciada en Deba y finalizada en Buenos Aires,  y sobre todo “Deva la del fácil recuerdo” un precioso capítulo de “Las vísperas de España”, son un reflejo del espacio que este txoko guipuzcoano ocupó en el corazón de este gran humanista. Y también son, o deben ser, motivo de orgullo y conocimiento para cualquier debarra que se precie. Leer a Alfonso Reyes es un gesto de agradecimiento para con este mexicano que llevó a Deba en sus entrañas.
“ ¡Qué fácilmente nos acordamos de Deva en nuestros inviernos de Madrid!   ¡Con qué poco esfuerzo la evocamos! ¡Con qué anhelo tan concreto, tan preciso, la prevemos y la esperamos, a medida que se acerca el estío! En nuestra mitología de las estaciones, Deva es la Perséfone, alternativamente perdida y recobrada”.
Y cuando llega a Deba, a “nuestra Deva” como él dice, se siente un debarra más. Lo mismo habla de “Veytia el viejo” (Beitia el ferroviario) que de Araquistain o de Maritxu; de los corrocones pescados por don Fidel o de las verbenas organizadas por Pepucho. Conoce la geografía local, sus caseríos, Bustiñaga o los merenderos de Iruroin o Lasao. Se encuentra tan integrado que incluso se atreve a criticar alguna de las entonces nuevas infraestructuras de la villa, como el trazado del ferrocarril : “… y hasta ese ferrocarril que tanto censuramos como un error de trazo, y que viene a ser un juguete más entre los que sacan los niños a la arena”.
Y al comenzar la fiesta, la vive con la misma emoción que los demás debarras: “ Y ved cómo se produce el milagro: un cohete, unos compases de música suenan a nuestro oído – o simplemente los recordamos- y toda Deva renace dentro de nosotros”.
Y al regresar a Madrid vuelve la añoranza:
  … “ Y al tropezar, por Alcalá o San Jerónimo, con otro veraneante de Deva, hay en nuestro saludo un signo de inteligencia tácita, de cofradía secreta. “Éste es de los nuestros, decimos”.


Mausoleo de Alfonso Reyes en la Rotonda de
 las Personas Ilustres – Ciudad de México-  donde se
 encuentran los restos de aquellas personas que
 realizaron importantes contribuciones a lo largo 
de la historia para el engrandecimiento de México.



miércoles, 15 de febrero de 2017


PEDRO DE DEBA Y JUAN PÉREZ DE LOYOLA
 LA SINGULAR HISTORIA DE LA APROPIACIÓN ILEGAL
DE UNA NAO DEBARRA
 
 
Una de las góticas capillas-sepulcro de la iglesia de Deba es la conocida como capilla de Andonaegui.
Es creencia generalizada, aunque errónea, que dicha capilla fue construida por don Juan de Andonaegui, comendador de la Real Orden de Caballería de San Lázaro y señor de la casa conocida en su tiempo como “Devaechea” o “Comendadorecua”.
La segunda de estas denominaciones queda claro que se debe al título de comendador que ostentó quien allí se halla enterrado, el citado Andonaegui. Los porqués de la primera, es decir, “Devaechea” , es cosa que pretendo desentrañar en este artículo. Un dato interesante a resaltar y del que en varias ocasiones hace mención el historiador Patxi Aldebaldetrecu  es que, según la tradición, la casa “Devaechea” fue la primera levantada en esta villa, lo que viene a demostrar su antigüedad.
 
Durante mucho tiempo he pensado que en el espacio cronológico existente  entre la construcción de la capilla donde fue enterrado don Juan de Andonaegui, secretario de Felipe II ante el Estado Pontificio, y el propio personaje, había algo que no cuadraba. No cuadraba porque la capilla es anterior al nacimiento de don Juan de Andonaegui.
Intrigado por descubrir los orígenes de la casa “Devaechea” me di el gusto de “gastar” mi tiempo en averiguar quiénes fueron los señores de dicha casa y más concretamente quién fue el que ordenó construir dicha capilla. Mi búsqueda tuvo una interesante recompensa.
 
 
La familia Deba o Debaide
Uno  de los apellidos más antiguos de la villa de Deba es precisamente el de Deba, Deva, Debayde, Debaide o de Baide, (aparece escrito de diversas formas) , cuyos miembros fueron lógicamente quienes crearon la casa conocida como “Devaechea” que en castellano sería traducido como casa de los Deba.
Los primeros  Deva, Debaide o Debaechea , repito que aparecen citados de muy diversas formas, lo hacen en dos documentos. El primero está  fechado el 19 de noviembre de 1471 y en él aparecen  Ochoa Martines de Deuayde, fiel  regidor de la villa, y Miguell de Debayde, testigo en la firma del documento; curiosamente el primero escrito con “u” (v) y el segundo con “b”.
En el otro documento, fechado el 6 de febrero de 1476, vuelve aparecer  el mismo Ochoa Martines de Deuayde,  pero esta vez lo hace como Ochoa Martines de Debaeche, firmando  en calidad de mayordomo de la cofradía. También aparece en ese documento un tal don Pedro de Deba (vicario) quien al final del documento es nuevamente nombrado como Pedro Debaide. Este don Pedro de Deba o Debaide no es el mismo al que se hace referencia en la cabecera de este artículo aunque muy probablemente sería algún familiar muy directo. 


Hipotética imagen del puerto de Deba en el s.XV, época en la que se desarrollaron los hechos descritos. 
Ilustración de J.I. Treku. © Kaioa asp.  
   
Los miembros de esta antigua casa, al igual que los de otras poderosas  familias de la primitiva villa,  fueron gente de mar  y sus barcos se dedicaron, como veremos ahora, tanto al comercio marítimo como a la guerra.
Es ahí donde comienza una interesante historia sobre dos no menos interesantes personajes llamados  Pedro de Deba y Juan Pérez de Loyola; el primero, señor de la casa del mismo nombre y propietario de uno de los barcos que formaron la primera armada de la corona castellana en tiempos de los Reyes Católicos, la conocida como “Armada de Vizcaya”.
El segundo, el  mayor de los once hijos de Beltrán Ibañez (Yañez) de Loyola, señor de Oñaz y de Loyola. Recordar que el benjamín de los hijos de don Beltrán y hermano pequeño del capitán del barco debarra era Iñigo de Loyola, con el tiempo San Ignacio de Loyola.
Cuando en 1.492  se crea dicha armada, compuesta por seis naves, es nombrado Capitán General  de la misma el lekeitiarra Iñigo de Artieta. El propietario de una de estas naves, una nao de 220 toneles (264 toneladas) era precisamente Pedro de Deba, aunque su capitán era Juan Pérez de Loyola. Decir que la mayor parte de la tripulación de esa nave, tanto marineros como soldados, estaba compuesta por debarras.
A bordo de la nao de Pedro de Deba estaban embarcados también tres Loyola más
- Miguel, Lope y Juan Beltrán, este último conocido como “el Borte” o lo que es lo mismo
“el Borde”, por ser hijo bastardo de don Beltrán Ibañez de Loyola- todos ellos hermanos del capitán Juan Pérez de Loyola.
El embarque del capitán azpeitiarra a  bordo de la nao debarra en julio de 1493 debió ser algo imprevisto además de apresurado  ya que estaba alistado para acompañar a Cristóbal Colón en su segundo viaje hacia las Indias;  pero siguiendo órdenes del Rey Fernando el Católico embarcó en la Armada de Vizcaya, es decir, en la nao de Pedro de Deba.  El capitán azpeitiarra ya antes había intervenido al parecer en la guerra de Granada.
Ese mismo año, 1493, la nao de Pedro de Deba al mando de Juan Pérez de Loyola interviene en el traslado hacia el exilio africano del último rey de Granada, Muley Boabdil , y de los miembros de su corte así como el de varios miles de granadinos, concretamente 6.320 personas. La operación duró hasta febrero de 1494.

La ilustración de J.I. Treku escenifica el traslado de Boabdil a tierras africanas a bordo de las
 naves de la "Armada de Vizcaya", entre ellas la nao de Pedro de Deba. © Kaioa asp. 

También a bordo de la nave de Deba, participó el azpeitiarra en la conquista de Tenerife durante la primavera de ese mismo año, tomando parte, al parecer,  en la conocida como Primera Batalla de Acentejo o la “Matanza de Acentejo” (Tenerife), y poniéndose pocos meses después a las órdenes de Fernández de Córdoba “el Gran Capitán”  para marchar a Italia. Allí participó en las guerras de Nápoles contra Carlos VIII de Francia, falleciendo en 1.498  como consecuencia de las heridas sufridas luchando  contra el duque de Montpensier.
Pero para entonces, ¿ qué había sido de Pedro de Deba ?, ¿qué había sido de su barco?.

Pedro de Deba falleció a mediados de diciembre de 1493 "de grave dolençia", al parecer en la localidad granadina de Almuñécar lugar donde debía encontrarse en ese momento con su nao y lugar también a donde acudió su propia esposa desde Deba para recuperar la nave.
Pero una respuesta más completa de lo que posteriormente sucedió nos la proporciona un interesante documento  fechado el 14 de febrero de 1494 en Valladolid y remitido por la Real Cancillería de los Reyes de Castilla.
Se trata de una carta dirigida a quien era Capitán General de la “Armada de Vizcaya”, Iñigo de Artieta. En ella se le conmina al marino lekeitiarra para que obligue a Juan Pérez de Loyola a entregar a María Juan de Deva y de Linda, viuda de Pedro de Deba, vecino de Deba, el barco que era propiedad del armador debarra. Según el documento, la viuda de éste alegaba que la devolución de la embarcación le permitiría cumplir el testamento de su esposo ya fallecido, testamento en el que Pedro de Deba también había dispuesto enterrar su cuerpo en la capilla que mandó construir en la iglesia de Santa María de Deba.
 Esta capilla, la perteneciente a la casa “Devaechea”, es la que en la actualidad es conocida como capilla de Andonaegui y que en realidad debería ser conocida, bien por el nombre de la antigua casa o por el de quien fundó  aquella capilla antes de 1492, Pedro de Deba.



La capilla de la familia "Debaechea", construida por Pedro de Deba,
es también conocida como de Andonaegui, por haber sido enterrado en ella
el comendador Juan de Andonaegui, secretario de Felipe II ante el Estado Pontificio.
 
 
 

Arriba, las tres páginas de la carta remitida a Iñigo de Artieta por la Real Cancillería de los Reyes de Castilla instando a que Juan Pérez de Loyola devolviese a  María Juana de Linda Debaide la nao que fue de su esposo y de la que se apropió ilegalmente
el mayor de los hijos de Beltrán Ibáñez de Loyola, capitán de la nao debarra.
Foto del documento: Archivo General de Simancas, RGS, LEG, 149402, 348. (PARES, Portal de Archivos Españoles).

  
Otro interesante documento que corrobora la muerte de Pedro de Deba y la consiguiente viudedad de su esposa, está fechado un día antes que el anterior, 13 de febrero de 1494. Es una carta también remitida desde la Real Cancilleria de los Reyes de Castilla ”para que se guarde la pragmática de las viudas a Mari Juana  de Baide, mujer que fue de Pedro de Deva, vecina de Monreal de Deva”.
 Resumiendo:
Cuando comienza a prepararse  la Armada de Vizcaya en 1492 Pedro de Deba está vivo, pues es propietario de una de las naos. Para entonces ya existía la capilla que hoy conocemos pues la construyó en vida.  
Cuando en 1494 la Real Cancillería de los Reyes de Castilla remite la carta obligando a Juan Pérez de Loyola a devolver la nave a la viuda de Pedro de Deba, éste ya había muerto, pues como se ha dicho anteriormente falleció a mediados de diciembre de 1493.
Algunas de las gestas en las que intervino Juan Pérez de Loyola (viaje al exilio de Boabdil y los 6320 granadinos, conquista de Tenerife, incluso el comienzo de las campañas de Italia) se realizaron estando ya muerto el armador debarra y siendo el de Azpeitia capitán de aquella nao.
El mayor de los Loyola, capitán de la nao debarra, obró de muy mala fe, quedándose con la nave, dicho sea “por la patilla”, tras el fallecimiento de Pedro de Deba, quizás pensando que su viuda se iba a quedar callada. Pero la carta enviada por los Reyes de Castilla a Iñigo de Artieta ordenando que Juan Pérez de Loyola devolviese la nave, nos demuestra  que no fue así e imaginamos que ésta  fue devuelta a su propietaria.
  
 

lunes, 6 de febrero de 2017


   Bautizados en Mutriku,

 enterrados en Deba

 El "gorputz-bide" Lasao, Bustiñaga, Urasandi.



Caseríos Lasao Haundi y Lasao Txiki en la ribera mutrikuarra de la ría del Deba.

 
Las casas de Lasao, Bustiñaga y Urasandi, aunque pertenecientes administrativamente al municipio de Mutriku (barrio de Laranga), han estado desde sus orígenes estrechamente ligadas a Deba.
Ese centenario vínculo, motivado por tan estrecha vecindad, tiene mucho que ver con que desde el punto de vista eclesiástico los moradores de las tres mencionadas casas, y más tarde los de otras posteriores situadas en la ribera mutrikuarra del Deba, hayan formado parte de la feligresía debarra, siendo generalmente bautizados en Mutriku pero enterrados en la parroquia de Santa María de Deba. Esa circunstancia, la del enterramiento, ha vinculado aún más los lazos de las gentes de esas casas con la villa debarra si tenemos en cuenta que, en el pasado, en Euskal Herria casa y sepultura han formado parte consustancial de la existencia terrenal y paraterrenal de todo individuo. Hasta tal punto fue así, que cuando se vendía la casa la venta incluía la sepultura familiar en la iglesia.
Es oportuno recordar que desde al menos el siglo XV y hasta el siglo XVIII, que lo prohíbe Carlos III, los enterramientos se realizaban dentro de los templos.

Uno de los primeros casos documentados, si no el primero, sobre la conducción de un cadáver desde una de estas casas a la iglesia de Deba está fechado en 1518 y hace referencia al traslado del cadáver de Sancha Pérez de Bustiñaga, señora de la casa del mismo nombre, a la iglesia de Deba donde tras celebrarse los funerales sería enterrada tal y como era costumbre. El traslado de una ribera a la otra a bordo de la gabarra entonces existente, no estuvo exento de problemas. El hecho de que el alcalde de Mutriku, participante en la comitiva fúnebre, embarcase hacia la orilla opuesta del río con su vara de la justicia fue tomado como una grave afrenta por las autoridades debarras quienes alegaban que la ría formaba parte del término municipal de Deba y no de ambos municipios. El caso es que apenas desembarcado el primer edil mutrikuarra en la orilla de Deba, recibió una soberana paliza siendo hecha añicos su vara.


Fachadas norte y oeste del histórico caserío Bustiñaga, dominando la entrada y salida de la ría de Deba.
Todavía hoy, las saeteras de sus muros y la gran puerta con enormes dovelas evocan el carácter
defensivo que esta antigua torre debió tener en otros tiempos.    

Desde la construcción del puente en 1866, el ritual de la conducción del cadáver, aunque prácticamente igual al de hace siglos, se realizó con una variante: el féretro, en vez de ser conducido hasta el muelle de Urasandi para atravesar la ría a bordo de la gabarra, era llevado hasta el puente para ser recibido allí por la feligresía debarra. El recorrido fúnebre se realizaba a través del gorputz-bide que desde Lasao y a través de Bustiñaga llegaba a Urasandi y desde allí al puente y a la iglesia.

Un dato interesante  sobre este recorrido, detallado además gráficamente, nos lo proporciona Anes Arrinda, párroco de Deba durante más de cincuenta años y protagonista del hecho. Don Anes nos narraba cómo habiendo muerto una señora del caserío Lasao fue en busca del cadáver por la carretera general, pasando la ría en gabarra hasta Lasao, y tras recoger allí el cuerpo, conducirlo a la parroquia de Deba a través del "gorputzbide", vía Bustiñaga-Urasandi:

" Recuerdo que allá por el año 1955, murió la Señora del caserío "Lasao" en esta mi parroquia de Deva (Guipúzcoa). La casa de LASAO dista por la carretera general un kilómetro aproximado. Pero para llegar a ella por ese camino hay que atravesar la ría en barca. Aquellos días fueron de agua y nieve.
 Fui al caserío por la carretera general, que es llana y asfaltada, a recoger el cadáver. Pero al volver con él lo hicimos por otro camino: por el "gorputz-bide", que entre barro, agua y nieve subía por una empinada loma hasta el caserío Bustiñaga. Cerca del caserío éste, se detuvo la comitiva, en un cruce de caminos vecinales, a rezar un "Pater Noster" y seguimos, desde allí para abajo, el camino más largo, que venía a salir a la casa "Urasandi".


La fotografía corresponde probablemente a la primera o segunda década del siglo XX. A la derecha la ribera debarra; a la izquierda el barrio conocido en Deba como Urasandi y en Mutriku como Urasemeti o Urazameti. Entre las casas de esta barriada podemos ver al fondo la medieval casa de Urasandi que en el pasado contó con muelle y astilleros propios. Junto a ella la casa conocida como "cuartel", y ya en primer plano la conocida como "casa del puente" o de "Patirki". Quedan ocultas las casas de Txokorrakua y de Murgi.

Gorputz-bide o kurutz-bide (literalmente camino del cuerpo, o camino de la cruz por la cruz que encabezaba la comitiva fúnebre), "iter ad sepulchrum" (camino a la sepultura) para los romanos,  eran palabras utilizadas para denominar el camino a través del cual se conducía el cadáver en dirección al lugar de enterramiento. El camino (gorput-zbide) a través de Bustiñaga es el que hasta hace pocas décadas utilizábamos quienes nos dirigíamos a Lasao. Desgraciadamente, según he podido comprobar en fechas recientes, ese histórico gorputz-bide ha quedado totalmente cerrado debido a las zarzas y a la falta de mantenimiento. Resaltar que los "gorputz-bides" históricamente han implicado servidumbre de paso, no pudiéndose construir en sus inmediaciones ni ser vallados ni cerrados.


Aunque la imagen no corresponde al gorputz-bide Lasao-Bustiñaga-Urasandi, sino al de un cortejo fúnebre por el goputz-bide, en Orexa (Gipuzkoa), sirve para ilustrarnos sobre el tema.  Reconstrucción para el film Gipuzkoa erremin. Fot. Iñaki Linazasoro, 1977
 
Croquis realizado y firmado por Anes Arrinda, párroco de Deba, para explicar el recorrido en 1950 desde Lasao a la iglesia de Deba a través del Gorputz-bide. El croquis muestra interesantes notas manuscritas como "aquí, en un cruce, rezar un "Padre Nuestro", “Este recorrido lo he hecho en invierno, con muy mal tiempo, siendo párroco de Deba” o “Después empezaron a pasarlos por la ría a la carretera y allí coger el automóvil de la Funeraria”.
 
José Mari Egaña Albizuri, de ochenta y tres años, nacido en la ya desparecida casa de Urasandi y hoy residente en el caserío Urasandi Berri, es el vecino de más edad de todos los nacidos en ese barrio ribereño del Deba. Al igual que su padre, sus hermanos (uno de ellos ex-párroco de Deba) y sus hijos, no así sus nietos, fue bautizado en la iglesia de Mutriku y los ya fallecidos fueron enterrados en Deba; eso sí, todos ellos han sido y son feligreses de la iglesia de Deba, al menos en la práctica.
Echando mano de su privilegiada memoria, afirmaba que el año 1939 un vecino del caserío Lasao Haundi, hermano de José Mari Ulacia, tras su fallecimiento fue enterrado en Astigarribia, un hecho poco habitual. También me informaba que él mismo había participado hace años en el traslado del cadáver de Francisco Urquiri, del caserío Lasao Txiki, a la iglesia de Deba, a través del gorputz-bide. Asimismo afirmaba que lo habitual era que el cortejo fúnebre desde la casa del fallecido hasta el puente  fuese presidido por un cura de Mutriku acompañado de un monaguillo que portaba la cruz, y que llegados al limite entre los dos municipios, en el puente, donde se encontraba la mesa mortuoria y donde se rezaba un responso, tomase el relevo un cura de Deba. Recuerda también que el año 1953, tras el fallecimiento de Saturnina, viuda de Muniozguren, de la casa Goiz-alai, no se colocó la mesa en el puente debido a las torrenciales lluvias e inundaciones, siguiendo de largo la comitiva hacia la iglesia debarra.

José Mari Egaña Albizuri, nacido en la histórica casa de Urasandi, ya desaparecida, es el
vecino de más edad de los nacidos en el barrio de Urasandi.
Mari Conchi Urquiri, setenta y cinco años, propietaria del caserío Bustiñaga, narraba otro hecho acaecido también hacia la década de los cincuenta pero con la particularidad de que en aquella ocasión y por fuerza mayor, no fue utilizado el gorputz-bide. Años antes lo había escuchado también de boca de Anes Arrinda.
Había fallecido un morroi (criado) del caserío Lasao Haundi llamado Ramón Galdós "Txartxa", pero al estar cerrado el gorputz-bide debido a un desprendimiento de tierras y al barro producido por unas torrenciales lluvias, hubo que pasar el féretro con el cadáver a la orilla opuesta a bordo de la gabarra y a través del barrio de Artzabal conducirlo a la iglesia de Deba.

Esta bella fotografía, probablemente de los años cuarenta del siglo XX, nos muestra el paso de gente desde Lasao (Mutriku) a la orilla debarra. Al timón José Mari Ulacia Urquiri. Además del paso de personas y en contadas ocasiones el de los fallecidos, la gabarra también era utilizada, yo mismo fui testigo de ello, para el paso de una pareja de bueyes con su correspondiente carro. Hay que tener en cuenta que el caserío Lasao tenía y sigue teniendo tierras de cultivo en ambas márgenes de la ría.     

Preguntada Mari Conchi  sobre dónde habían sido bautizados y enterrados sus padres, comentaba que habían sido bautizados en Mutriku y enterrados en Deba, lo que corrobora lo que fue una práctica habitual en estos caseríos a lo largo de la historia: bautizos en Mutriku, enterramientos en Deba. Ella misma afirmaba haber sido bautizada en Mutriku, aunque es feligresa de la iglesia de Deba.   

El matrimonio formado por José Mari Ansorregui  y Mari Conchi Urquiri junto a su nieto Haritz,
 curiosamente bautizado en la iglesia de Santa María de Deba.
 
Cuando, tras la construcción del puente en 1866, la comitiva fúnebre llegaba a éste a través del gorputz-bide, el féretro era depositado sobre una mesa, a la altura de donde se encontraban la argolla y cadena que indicaban la divisoria entre los dos municipios. Dicho límite lo marcaba y creo que aún hoy sigue marcándolo el cauce madre del río, es decir, la parte más profunda del cauce. El enganche de aquella argolla podemos verlo todavía.


Jesús Mari Albisu "Murgui" señala el gancho que marca el límite entre los municipios de Mutrikuy Deba. En este punto era donde la tradición mandaba que se colocase la mesa mortuoria para el rezo de un breve responso y el posterior traslado del cadáver a la iglesia y al cementerio de Deba.
 
Jesús Mari Albisu "Murgi" , de ochenta y dos años, aunque nacido circunstancialmente en Zumárraga, se crió desde niño en la casa conocida como de "Murgui", la misma donde nació su padre, Simón Albisu. Siguiendo la vieja costumbre, tras su fallecimiento, Simón fue enterrado en Deba, al igual que todos los fallecidos en esa casa.
Jesús Mari recuerda cómo hasta los años cincuenta del pasado siglo XX en el desván de su casa, situada al otro lado de la ría, a la salida del actual túnel, se guardaban la mesa sobre la que era depositado el féretro, el paño negro que la cubría, una cruz y el acetre con el hisopo utilizado para bendecir al cadáver.
Para remarcar la importancia del lugar exacto en el que debía colocarse la mesa con el féretro, Jesús Mari nos narra un hecho acontecido hacia los años cuarenta del pasado siglo y del que él mismo fue testigo siendo un chaval:

Había fallecido un vecino de alguna de estas casas situadas en la orilla mutrikuarra de la ría  y como de costumbre el féretro fue colocado en el lugar que obligaba la tradición, es decir, junto a la argolla. Había llegado a Deba un sacerdote nuevo llamado don Paulino Goitia que desconocía la vieja costumbre, y al ver que la mesa con el cuerpo del finado se encontraba más cerca de la orilla de Mutriku que de la de Deba, ordenó que los acercasen a la parte debarra. 
Ante la negativa y las protestas de los familiares del fallecido alegando que el lugar donde se encontraban mesa y difunto era el que marcaba la tradición, el sacerdote decidió pedir consejo a uno de los hombres con más crédito en el pueblo y cuya palabra debía ser el mejor aval para el clérigo. La persona seleccionada fue Tomás Lazcano, padre de Paco Lazcano a quien los debarras maduros aún recordamos. Tras la confirmación del señor Lazcano de que, efectivamente, el lugar donde se encontraba el cadáver era el correcto por marcarlo así la tradición, el sacerdote dio su brazo a torcer y se acercó hasta el lugar señalado para  recoger el cuerpo y trasladarlo a la iglesia de Deba.


La ya desaparecida casa de Murgui estaba situada junto a la boca del actual túnel.
Derribada el tres de noviembre de 2003, en su ganbara se guardaban la mesa
 mortuoria con el paño negro, así como la cruz y el hisopo con su acetre. 
 

Otro interesante dato, también aportado por Jesús Mari Albisu "Murgi", hace referencia a un hecho ocurrido hacia el año 1947. Sucedió que en la parte de Mutriku, junto a la ya desaparecida casa Txokorrakua, había acampado una familia gitana que tuvo la desgracia de perder a un niño de muy corta edad. Condolido el barrio por la irreparable pérdida, se realizó una colecta para pagar el féretro en el que sería enterrada la criatura. 
Recuerda Jesús Mari que el pequeño féretro fue colocado sobre la mesa en el puente, siguiendo la vieja costumbre, y cómo  el cadáver de la criatura fue portado hasta la iglesia de Deba por cuatro muchachos del barrio: Joseba Alkorta (Goiz-alai), Mikel Egaña (Urasandi), Xabier Rodríguez Urquiri (Bustiñaga), y él mismo (Murgi).

Durante los últimos tiempos, tras la construcción en el barrio de Urasandi de nuevos edificios, habitados prácticamente todos ellos por gentes de Deba, han ido desapareciendo las seculares costumbres. Prácticamente todos los niños del barrio bautizados lo son en la iglesia de Santa María de Deba y todas las honras fúnebres de sus vecinos también tienen lugar en el mismo templo. Cambian los tiempos y cambian las costumbres.
Es por ello por lo que antes de que el tiempo borre de nuestras memorias los viejos rituales funerarios en estas dos riberas del Deba, la mutrikuarra y la debarra, como borrado ha quedado ya el viejo gorputz-bide, me he decidido a describirlos en estas líneas.